lunes, 30 de noviembre de 2015

Vidas que vuelven

¿Que se supone que haces, cuando la vida vuelve a vos? No me malinterpreten, no es que no viviera…¿o sí? Un día como cualquier otro, sin previo aviso, la vida toca a tu puerta. No es la vida que esperabas, pero es una de las que perdiste. Porque a lo largo de nuestra vida, la perdemos varias veces. Por distintos motivos y circunstancias. Soñas con el día en que una de esas vidas, vuelva a vos. Imaginas mil desenlaces distintos. Deseas algunos, temes por otros. Pero el día que actualmente una de esas vidas que perdiste vuelve, te quedas sin palabras. Te quedas como idiota mirando fijamente y con la boca abierta. Los recuerdos, las esperanzas, los sueños, los miedos, las dudas, todo vuelve.

¿Y qué haces? ¿Corres y escapas? ¿Pones tu mejor sonrisa y disimulas? ¿O la abrazas y te entregas a lo que tenga que ser? Me gustaría tener la respuesta, pero es algo que solo va a llegarnos cuando actualmente nos pase. Supongo que lo que hagamos, dependerá de que vida este volviendo. Algunas fueron mejores que otras, o tal vez tienen más chances. La verdad es que todo es incierto, hasta que te pasa y tenes que tomar una decisión.

¿Y que significa que esa vida haya vuelto a uno? Eso es aún más difícil de saber. Algunos dirán que es el destino, otros que es algo que “tenía que suceder”, unos cuantos que es casualidad, e incluso hay quienes afirmen que nos mentalizamos para que suceda. Yo creo que no hay una razón concreta. Creo que simplemente es lo que queramos que sea. Considero que es una nueva oportunidad, la cual puede ser buena o mala, y está en nosotros aprovecharla o no.


¿Te gustaría que una de esas vidas volviera? Hace una semana hubiera dicho que no se, ayer que tal vez, hoy que .

viernes, 27 de noviembre de 2015

The crazy adventures of Jeeves, Lester & Darwin

Odio a ese gato. Siempre me despierta por la mañana y me molesta a la noche cuando quiero dormir. Sus pelos están por todos lados, no lo soporto. Pero la abuela lo adora, y le permite hacer lo que quiera. Odio a ese gato. Y él lo sabe. Me ataca al pasar a su lado. Como si fuera el amo y señor. Al maldito le gusta dormir en mi cama cuando no estoy. No lo soporto. Y ella lo adora. A mis hermanos no parece molestarlos. La tiene conmigo, yo lo sé. Odio a ese gato.
Otra vez. Ese gato está buscando a Lester. Lo he estado observando. Nunca vi que buscara a Jeeves y ciertamente no me busca a mí. Siempre usa su almohada para dormir. Le he visto atacarlo cuando pasa a su lado, pero se cuida de que la abuela no lo vea. Otra vez. Las alergias terminaran por matar a Lester. O el terminará por matar al gato. Puedo verlo en sus ojos. El odio crece a cada día. Ese gato está tentando su suerte. Sería interesante ver a Lester arrebatarle todas sus vidas. Otra vez. Lester pateó al gato. La abuela está furiosa. Sería interesante ver cómo termina todo esto.
Fue divertido. Solo necesité golpearlo un par de veces. Las piezas saltaron hasta mi cara y se esparcieron por todo el cuarto. No puedo esperar a ver la cara de Manny cuando le de todas las partes sueltas. Será divertido. No entiendo que tiene Lester con el gato. La abuela va a castigarlo. Me pregunto qué sentirá al golpearlo. Podría ser divertido.


Mataría a ese gato. Por su culpa la abuela me castigó. Tuve que sacar toda la maleza del jardín. Me arden las manos. Al entrar al cuarto, el gato se levantó de mi almohada y se fue muy tranquilo. Quiero matar a ese gato. Darwin se rio de mí. Me contó con detalle como el gato se refregó en mi cama después de haber cagado. Incluso se subió a mi repisa y tiró mis soldaditos de plomo. Voy a matar a ese gato.
Esto se pone cada vez mejor. Lester en el jardín castigado. Jeeves rompiendo un juguete prestado en la sala. Tomé un pedazo de mierda de la caja del gato y lo refregué por su cama. Después tiré algunos de sus soldaditos de la repisa. Pero se pone aún mejor. Unos minutos antes de que Lester entre al cuarto, el gato entró y se subió a su cama. Y como por arte de magia, decidió irse cuando mi hermano llegó. No podría haber salido mejor.
Podría ser divertido. Darwin tuvo la idea de ir al granero mientras la abuela dormía la siesta. Nunca nos deja jugar allí. Darwin dijo que, si volvíamos antes de que despierte, nunca lo sabría. Lester estaba muy molesto con el gato, parece que manchó su cama. El granero es divertido. Tiene muchas cosas viejas. Hay todo tipo de herramientas. Lester encontró una red de pesca muy fina. Darwin me paso una pala grande y pesada. Dijo que seguro no podía usarla como martillo. Esto es divertido.


Logré llevar a mis hermanos al granero. Hay muy buenas cosas allí. Estábamos jugando con las herramientas, cuando lo vi. Antes de salir dejé la puerta abierta. Calculé que se escaparía. Tal vez podríamos perseguirlo o simplemente perderlo. Pero el decidió seguirnos.
Jugar en el granero mientras la abuela dormía, no parecía una gran idea. Pero todo cambió al verlo pasar a mi lado. Se escapó de la casa y el maldito vino a buscarme. Sentí un calor recorrer mi cuerpo. No pensé. No dudé. Le tiré la red encima. Grité.
Tenía los brazos cansados. Esa pala pesaba bastante. Me detuve al ver que el gato entró al granero. Lester le tiró la red que tenía y me gritó. Darwin comenzó a reír. Levanté la pala lo más alto posible y la hice caer con todas mis fuerzas. Fue muy divertido.

martes, 24 de noviembre de 2015

Escribir

Yo. Ahora. Necesito. Todo se resume a eso. Pero no es tan sencillo. Las paredes se alejan rápidamente. El techo parece muy alto ahora. El aire está viciado y frío, parece que una corriente escapa por debajo de la puerta. La silla es incómoda, pero es justo como quería, de madera firme, que no cruje al moverme. Mis pies descalzos reposan en la alfombra que dispuse en medio de la habitación. Solo tengo mi escritorio frente a mí, con las herramientas justas y exactas. Cada tecla plasma un sinfín de ideas sobre el papel virgen. El vaso con alcohol a mi lado, para mantener encendida la caldera en mi interior. Mis párpados pesan, los oídos me zumban, hace tiempo se acabó la música. Pero el equipo está demasiado lejos, y no puedo permitirme frenar. Es este momento, justo ahora, donde no puedo parar. Mi garganta seca, absorbe la última gota, parece que ya no habrá combustible tampoco. Los dedos ya no me responden, las teclas parecen volverse más duras con cada palabra. Ya puedo escuchar las críticas, las risas y las quejas, también sus miradas en mi nuca. Ya no existe un mundo allá fuera, la ventana solo muestra unas nubes grises y tras la puerta rige un silencio sepulcral. No hay nada más, solo yo, ahora, y lo que necesito.

Una palabra más, una oración, un párrafo, un capítulo, una vida. Debo continuar, hasta que el final se muestre, y me deje ir a descansar. Pero no llega, no hay indicios de que lo hará pronto. Las ideas se tuercen, enloquecen, muestran su naturaleza más salvaje. Puedo sentir el escalofrío subir por mi espalda, la piel de gallina, el escozor insoportable tras la oreja. Escapan a través de mis dedos, bailan en el papel con cada tecleo. Me miran desafiantes, rencorosos por no haber sido liberados con anterioridad. Amenazan con revelar mis vulnerabilidades, mis secretos, desnudarme al lector. Me tienen atado, atormentado, no puedo escapar. Cada palabra se lleva una parte de mí, un recuerdo, un sentimiento, una lágrima, una risa, hasta una gota de mi sangre. Puedo sentir los espasmos que recorren mi frágil ser, puedo escuchar los golpes en la puerta. Alguien grita mi nombre, pero no puedo detenerme. Todo es tan vago y distante, nada parece real, aunque al mismo tiempo, es todo lo que importa. Es mi vida, soy yo, es ahora, es lo que necesito.


Una ola de calor recorre mi cuerpo, es el final, puedo vislumbrarlo, está allí y me espera. Mi cuerpo se revitaliza, las palabras fluyen en grandes caudales. Se sumergen en el mar de papel, creando una corriente de maravillas jamás soñadas por otro ser vivo. Siento el suelo temblar, el techo se cae a pedazos, las paredes están viejas y destruidas. Pero en mi pecho este fuego arde como nunca, puedo sentir el fervor y el calor en mi cabeza. El sudor cae por mi frente a mis piernas, entonces es cuando puedo sentir el frio que hace en la habitación. Mis manos parecen pálidas, estoy dejándolo todo, no habrá nada más después. Esta será mi obra maestra, y mi alma quedará atrapada en ella. Tengo la boca seca, las manos me tiemblan, mi corazón está por estallar. Un trueno resuena en el cielo, la lluvia se abre paso a través del techo. Siento sus manos en mi cuerpo, quieren detenerme, alejarme de mi labor. Lucho con todas mis fuerzas, no puedo dejarlo sin terminar. Me sacan a rastras de la habitación, me gritan palabras sin sentido, no me prestan atención. La rabia me invade, mis esfuerzos son en vano, no me dejan escapar, puedo verlo aún, allí se quedará.

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Ser felices?

¿Qué es exactamente lo que necesitamos para ser felices?

¿Estar junto a quienes amamos? ¿Encontrar a alguien que nos quiera por quiénes somos? ¿Trabajar de lo que soñamos? ¿Vivir cómodamente? ¿Tener a nuestro alcance todo lo que deseamos?

¿Qué tengo que hacer? ¿Lo correcto? ¿Nunca equivocarme? ¿Moral o ética? ¿Dónde dice cómo? ¿Quién sabe realmente? ¿Siempre va a ser difícil?

¿Cuánto tengo que esperar? No tengo toda la vida, ¿o sí? Algunos llegan antes, los he visto. ¿Todos se lo merecen? Hay gente que no creo y sin embargo parecen muy felices.

¿Puedo ser feliz un rato? Porque si se puede, entonces creo que mi rato ya pasó. ¿Y ahora? ¿No voy a volver a ser feliz? ¿Cómo se si eso era felicidad? A lo mejor estaba muy bien, pero seguro que podría estar mejor.

¿Fui feliz? Creo que sí. ¿Cuándo? Creo que…

Una parte de mi infancia, fue feliz. Algunos aspectos, aunque sea. Los juegos con papa, las salidas con mama. Juguetes. Fotos, música, dibujos. El jardín de casa. El jardín de los abuelos. Desayuno con el abuelo viejo. Mate de leche con la abuela. Cualquier festejo que involucrara regalos. Algunas de las cosas que aprendí en la escuela. Los actos de fin de año. Algunos momentos con algunos compañeros. Domingos en familia. Burlas a los vecinos. Dalma y Pinina.

¿Pubertad o pre-adolescencia? No creo haber sido feliz ahí. Separación, mudanzas, peleas, llantos, secundaria, mas mudanzas, mas peleas, mas llantos, enojos, mentiras, abusos, engaños. No, no fui feliz.

Ya en la adolescencia, hubo algunos momentos muy buenos. Conocer a quienes serían mis amigos hasta el día de hoy. Sentirme parte de un grupo. Encontrar las bandas que marcarían mi vida para siempre. El vicio de la computadora. Los primeros fines de semana de rol. Escribir. Crear historias. Ir a boliches con amigos. Juntarnos para un cumpleaños y embriagarnos hasta no dar más.

Hubo cosas que me dieron gran regocijo, pero no estoy seguro de si me hicieron feliz. No puedo negar que las disfruté mucho. Aprender a mentir. Descubrir cuando otros mentían. Usar mascaras. Engañar y manipular. Proponerme algo y obtenerlo. Lastimar a quienes me lastimaron.

Ya terminando mi segunda década, me hicieron feliz nuevas cosas. Mi primer tattoo. Enamorarme. Encontrar un amor correspondido. Gastar dinero en lo que quisiera, porque lo había ganado con gran esfuerzo. Reconocimiento en el entorno laboral. Nuevas amistades que aún hoy perduran. Algunos momentos de mi último año de secundaria, y unos cuantos más de cuándo recursé. Escribir más.

Hubo momentos, en que no fui feliz, pero con el tiempo entendí, que debo sentirme orgulloso de haberlos vivido. Terminar con aquello que no me hacía feliz. Independizarme por completo de todo y de todos. Madurar y responsabilizarme de mis actos.

Llegando a mi primer cuarto de siglo, durante y después del mismo, los momentos felices se redujeron bastante y se intercalaron con situaciones difíciles y de gran estrés. Puedo recordar nuevas amistades. Salidas, juntadas y comidas principalmente. No mucho más realmente.


Hoy, ¿soy feliz? No estoy seguro. Lo que, si tengo claro, es que me permito disfrutar algunos de los pequeños momentos que se me presentan y logro identificar. Esas pequeñas oportunidades que, de aprovecharlas, te llenan el alma. Hoy, me hacen feliz mis amigos, y a veces mi familia. Hoy me hace feliz, poder volver a escribir, después de dos años de no hacerlo. Hoy podría ser más feliz, pero está bien, hay que guardar algo para después. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Tengo que aprender a decir basta

Tengo que aprender a decir basta. Basta para mi, basta para todos. Es algo que me cuesta mucho, pero necesito ponerlo en práctica ya. Esto no va para más. Aquello tampoco. Yo no doy más. No puedo. Ya no tengo fuerzas ni salud mental para hacerlo.

Tengo que aprender a decir basta. Frenarle el carro a todos los que me rompen las bolas. No puedo permitir que me pisoteen. No tengo porque aguantar basureo alguno. Estoy cansado de todo esto.

Tengo que aprender a decir basta. Necesito silenciar mi cabeza. Necesito frenar de pensar en todo lo que no me banco más. Todo el tiempo puteando mentalmente por no poder decir basta. BASTA!

Basta de maquinar. Basta de escuchar. Basta de mirar. Basta de mi. Basta.

Me convertí en mi propio enemigo. En el peor. No puedo parar. Doy vueltas en un sin fin de ideas que sólo terminan por agotar mi paciencia. Me desgasta y me aplasta la sola idea de no poder decirme BASTA a mi mismo.

Tengo que aprender a decirme basta. Tengo que mirarlo a los ojos y decirle basta. Tengo que olvidar su sonrisa perversa y acallar sus carcajadas. No puedo permitir que se burle de mi. No más. Necesito gritar. Gritar y romper. Salir del cascarón viejo y oxidado donde me encerré.

Basta. Ya no quiero pensar. Ni recordar, ni proyectar. Necesito respirar un poco de tranquilidad. Quiero poder escuchar la música en mis oídos en vez de las voces en mi cabeza. Me gustaría abrazarte en vez de analizar lo que sentimos.

Basta de lamentos. Basta de mi mismo. Basta de todo.


Basta de perder contra el miedo.