viernes, 24 de agosto de 2012

Jugando el juego


 Siempre me gustó jugar el juego. Sobre todo ganarlo. Soy un mal perdedor. Pero cuando uno esta jugando sabe cuales son las opciones, sabe cuales pueden ser las consecuencias. Pero debo decir que no juego cualquier juego. Suelo arriesgar, pero teniendo un mínimo de seguridad. Soy un jugador empedernido. Realmente juego, realmente hago lo que tengo que hacer para ganar. Si, soy capaz de hacer cosas que no haría habitualmente para ganar el juego. Incluso, como buen jugador, soy capaz de dejarme ganar, para que el otro tome confianza, y así después aplastar con mi victoria.

Si, soy muy competitivo cuando juego. Soy capaz de cosas, que en otras circunstancias, no me parecerían racionalmente aceptables. Cosas que no me permitiría bajo ningún concepto. Pero acá estoy, jugando, se lo que tengo que hacer, se que puedo hacerlo y me gusta hacerlo. Soy un jugador, y disfruto con cada victoria. Disfruto con el juego.

El problema se presenta cuando no estoy jugando. Cuando no lo hago, no estoy en mi terreno. Soy como un jugador fuera de su cancha. Estoy perdido, desorientado, inseguro, fuera de mi “hábitat natural”. Pienso los movimientos de la misma manera que cuando estoy jugando. Pero no es lo mismo, no estoy seguro. Me cuesta moverme, decidirme, arriesgarme. Todo es extraño y distinto fuera de mi tablero de juego. Las piezas no las controlo yo, no puedo anticiparme a las jugadas de otros. Soy una ficha en el tablero de otro.

Y acá es donde quedo en el lugar de todos aquellos que use como fichas en mi tablero de juego. Y puedo entender como se sintieron, lo que sufrieron, lo que vivieron. Puedo darme cuenta de lo que soy en verdad, de lo enfermo que puedo estar cuando juego. Me doy cuenta de lo vulnerable que soy en realidad, de lo manipulador que me vuelvo cuando juego. Pero no lo puedo evitar, soy un jugador y tengo que jugar.

Mi sueño, mi deseo, mi más profundo anhelo, es hacer del mundo mi tablero, ser jugador a tiempo completo, hacer que todos…jueguen mi juego.

lunes, 20 de agosto de 2012

Soy lo que ven


Hola, me llamo Teo, tengo 24 años, soy argentino. Vivo en Lomas del Mirador, a diez cuadras de General Paz. Comparto la casa que alquilo con uno de mis mejores amigos y con mi “sobrina”, que prácticamente es como la hija que aún no tuve.

Hace tiempo ya, una amiga me describió de la siguiente manera: “Loco de mierda, ebrio hijo de puta y pervertido en potencia”. Una conocida mucho tiempo antes me describió como “tierno, dulce y amable, pero al mismo tiempo frío y calculador”. A lo largo de mi vida se me han dado distintos adjetivos, tales como: tierno, caballero, respetuoso, gracioso, divertido, amable, cordial, inteligente, dulce, romántico, cursi, idiota, tarado, boludo, cagón, valiente, tonto, marica, puto, gay, hombre, nenita, mentiroso, insensible, empático, feo, malo, lindo, deforme, hermoso, negro, pedófilo, pervertido, testarudo, rompe bolas, molesto, hiriente, pesado, cariñoso, bueno, cruel, calculador, frío, sin vergüenza, cara dura, orgulloso, pesimista, realista, ordinario, extraordinario, pedagogo, incapaz, soberbio, egoísta, bondadoso, raro, mala influencia, egocéntrico, fanfarrón, humilde, tolerante, paciente, nervioso, calmo, perseguido, paranoico, atento, analítico, maquina, humano.

Debo decir que, de alguna manera, me he ganado todos esos adjetivos en algún momento u otro. Soy un tipo complicado y no a todos les muestro la misma cara. No es que sea falso, es porque soy desconfiado y suelo estar un poco a la defensiva. También esta el hecho de que no todos me inspiran la misma confianza. Uno no se siente igual de cómodo con todas las personas que conoce. Algunas necesitan mucho tiempo y experiencias en común, mientras que otros simplemente ganan esa misma confianza con la primer mirada. Es extraño como funciona, pero es así.

Agregaré que me considero a mi mismo alguien complicado y paradójico. Puedo decir que soy una buena persona, pero hay quienes dirán lo contrario. Puedo decir que soy inteligente, pero tengo que reconocer que a veces soy un idiota. Algunas de las personas que me conocen de verdad, dirán que soy sincero y al mismo tiempo que soy un mentiroso. Tengo que decir que todas estas afirmaciones son verdaderas. Soy así, complicado como cualquier otro, pero irrefutablemente único; paradójico hasta la médula.

Soy lo que soy. No me arrepiento. No puedo cambiar la vida que viví, y de poder hacerlo, no lo haría. Construyo mi futuro con cada paso, aunque no sepa que va a ser de mi mañana. Estoy vivo, gracias a quienes me rodean, pero vivo por mi mismo, porque nadie se va a tomar el trabajo de vivir mi vida.

domingo, 19 de agosto de 2012

La cacería


“Y así, en un abrir y cerrar de ojos, todos habían desaparecido. Pero no fue por mí. No podía percibir a ninguno de ellos con mi olfato, y no había forma de que se hubieran alejado lo suficiente en una fracción  de segundo. Debieron recibir ayuda. No importa, no pueden escapar de mí. Nadie puede.

Las cenizas y el olor a carne chamuscada aun se sienten en el aire. Llevo semanas recorriendo este continente, pero no he logrado encontrar su rastro. Evidentemente han sido trasladados mas lejos de lo que pensé. Tienen que haber recibido ayuda externa. No creo que siquiera sigan en este mundo. Pero debo cerciorarme.

Ya nada podrá vivir jamás en este mundo. He acabado con todo. Esto es solo una roca muerta ya, una muy caliente. Hace días que pienso en este momento. Creo tener una idea de lo que debo hacer. No conozco los límites de mi poder, incluso no estoy seguro de tener límite alguno. Mi fuego puede quemarlo todo, absolutamente todo, incluso el tejido que le da forma a esta realidad.

Es el último de su mundo. Único en su especie. El primero que logra resistir mi fuego. Es fuerte. Es poderoso. Pero comienza a desesperar. Jamás vio algo como yo. Jamás imaginó su mundo hecho cenizas. Jamás imaginó que un simple hombre pudiera destruirlo todo en pocos segundos. Puedo oler su miedo. Intenta razonar conmigo. No lo escucho. Estoy muy concentrado en aumentar rápidamente la temperatura de mi mano. Su cuello no podrá resistir mucho más. Sus palabras se apagan. Todo él, se apaga.

Entre las cenizas de sus huesos, algo brilla. Es su corazón. No se porque lo hace. No entiendo como su corazón pudo resistir. No puedo explicar esta necesidad que siento dentro de mí. Tomo El enorme corazón entre mis manos, y sin siquiera dudarlo, lo devoro.

Ahora puedo entenderlo. Todo es mucho mas claro. Se lo que tengo que hacer. Ya no pueden escapar de mí. Voy a por ustedes, hermanos. Mi llama esta más encendida que nunca. El fuego abrazador de mi alma, de mi pueblo, acabará con todo. Voncar, Vergil, su fin esta cerca.

sábado, 18 de agosto de 2012

La voz en mi cabeza


La música al palo. Mis tímpanos latiendo. No quiero escuchar nada. No quiero siquiera escuchar mis propios pensamientos. Mi voz resonando dentro de mi cabeza. La música logra llevárselo todo. Puedo sentir el suelo vibrar por los bajos. Aún me escucho. Subo el volumen. Me reclino en mi silla. Tiro la cabeza hacia atrás, restrego mis ojos con parsimonia. Intento prestar atención a la música, mientras presiono mi cabeza con distraídos y temblorosos dedos. No puedo evitarlo. Me aíslo. Una vez más puedo escucharla. Es mi voz. Mi voz haciendo eco contra mi cráneo. Mi maldita mente juega conmigo. Me tortura. No quiere dejarme ni un segundo. Solo quiero unos segundos. Quiero no poder escuchar.

Pero esta ahí.
Me habla. Me dice.
Me hablo. Me digo.
Me pregunto. Me respondo.

Solo unos segundos de silencio, nada más. Pero no. Según parece necesitamos hablar. Necesito pensar. Parece que tengo que auto-torturarme un rato más. Pero yo se la verdad. No es solo un rato, es para toda la eternidad. Estoy atado a mi mente, como estoy atado a mi cuerpo. No puedo escapar a mi mismo. No puedo dejarme vencer, pero ya no tengo herramientas para luchar. Estoy preso aquí dentro. Ya no puedo soportar el profundo eco de mi voz. Es como caer en un abismo infinito. Esperando por la caída definitiva. Una caída que jamás llegará. Y solo puedes gritar. Y solo recibirás tu propio eco en respuesta. Y así, lo último que podré recordar, es el sonido de mi alma intentando escapar.

viernes, 17 de agosto de 2012

Porque puedo

Presten atención a lo que digo,
porque escojo las palabras cuidadosamente
y no las repetiré otra vez,
soy el quien,
el donde, el que y el cuando,
y el por qué, es así de simple,
porqué puedo...

Así comienza una letra de Porta. No es una gran letra en mi opinión, pero tiene un mensaje específico que en estos días ha resonado en mi cabeza. Por que hago lo que hago? Por que hago cosas que no me gustan o que no tengo ganas de hacer sin que sean responsabilidades y/u obligaciones? Por que hago lo que hago? Después de preguntarme varias veces esto, la respuesta simplemente vino a mí un día, al recordar este tema: porque puedo.

No soy lo que era y tampoco dejé de serlo. Soy algo más, algo viejo y nuevo a la vez. A diferencia de otras veces, creo que soy mas conciente de lo que me pasa y siento que mantengo una estabilidad. Creo que una vez más he cambiado, me he renovado. Pero esta vez, a diferencia de muchas otras, sigo intacto.

No he perdido mis sentimientos. Sigo queriendo a quienes me rodean y a las personas en las que confío. Pero me he vuelto insensible a otros. Como en tiempos de antaño, no regrets, no remorse. Siento que soy libre de hacer lo que quiera, sin dejar de querer a quienes quiero. Soy lo nuevo y lo viejo en su mayor potencial.

Me doy cuenta de que muchas de las cosas que hago, las hago por la sola razón de que puedo hacerlo. Sin culpa alguna. Simplemente lo hago. Conozco las consecuencias de mis actos, siempre fui conciente de ellas, vivo analizando las probabilidades día a día. Y aún sabiendo cuales son los peores escenarios posibles, lo hago.

Hace días que la palabra escrúpulos anda dando vueltas por mi cabeza. Siento que no los tengo. Siento que es algo distante, algo insulso. Se preguntaran entonces, que hay con el vacío? El vacío. Es como un viejo amigo. Solo que no se siente como tal. Me siento bien, reconfortado. Completamente distinto a veces anteriores. No es que sea parte de mí y me sienta acostumbrado. Más bien, es como si lo hubiera abrazado y sentido que estaba bien. Que no podía hacerme mal alguno. Que simplemente debía aceptarlo, porque puedo.

sábado, 11 de agosto de 2012

Le Grotesque


Que pasa? Acaso tenes miedo de lo que podes llegar a ver acá? No es nada que no conozcas, nada que no sea real, nada que no sea verdad. Todo lo que vas a ver acá ya lo conoces, ya lo viste. Pero como muchos otros, preferiste ignorarlo, preferiste olvidarlo, preferiste ocultarlo. Acompañame, tengo mucho para mostrarte. 

Esta es nuestra primer parada: La Salle des Mensonges. Ves todas esas estatuas? Las reconoces? Si, son personas que has visto, conocido, hablado. Personas que han sido aunque sea ínfimamente, parte de tu vida. Podes reconocerlos debajo de todas esas cicatrices? Algunos son difíciles no? Por que tienen cicatrices? Acaso no te lo imaginas? Cada cicatriz en sus cuerpos representa una mentira que les dijiste. Ahora lo ves bien? Sigamos, esto recién comienza.

A estas las llamamos: Masques Grotesques. Si, son espejos, pero no son espejos normales, solo te reflejan a vos y a cada una de las mentiras que te dijiste a vos mismo. Muchas verdad? Es increíble lo mucho que uno puede llegar a mentirse a si mismo. Asusta no? También me asuste la primera vez, pero terminas por acostumbrarte, no te parece?

Cuidado, la siguiente habitación es en realidad un pasillo, te recomiendo no acercarte a las paredes. Miralo por vos mismo. Claro, conoces a todos ellos. No pueden desprenderse de las paredes, pero darían todo por alcanzarte. Todas estas personas son quienes han sufrido por tu culpa. Todos ellos buscan venganza, si logran agarrarte no van a soltarte. Obviamente los lastimaste mucho, no ves como se desesperan por agarrarte? No ves el odio en sus ojos? No desean tu muerte, quieren despedazarte ellos mismos. Los llamamos Les Affamés.

Es un paseo interesante no? Adelante, bienvenido a La Chapelle Déserte. No, son corazones humanos. Son los corazones de todos aquellos a los que les arrebataste los sueños, las ilusiones, las esperanzas. Cuidado por donde pisas, por mas que ya hayas pisoteado todo de ellos, no creo que puedas soportar en tu conciencia el hacerlo concientemente.

Bueno, llegamos al final del recorrido, bienvenido a La Voûte Sombre. Aquí es donde se esconden tus más oscuros y peligrosos secretos. Aquellas cosas que te has guardado durante toda tu vida, esas cosas que te avergüenza destapar, incluso a ante tus más cercanos confidentes. Acá vas a verlo todo, ni siquiera podes negar ninguna de estas cosas. Por más que no quieras creerlo, dentro tuyo sabes que todo esto es verdad, sabes que el estar acá, ahora, viendo todo esto, es tu condena. Nadie puede salvarte, nadie puede hacer nada por vos. Solo vos podrías hacer algo para cambiar alguna de estas cosas, pero ahora ya es tarde, no podes hacer nada. Esta es tu vida, esta es tu realidad, esta es tu condena.

Dejaste de ser vos mismo, para ser otro. Y por que? Porque creíste que necesitabas ser otro para ellos. Pero te equivocaste, no necesitas ser otro, no podes ser otro. Vos sos quien sos, y nadie puede cambiar eso. Nadie podrá cambiar eso jamás. Ni siquiera vos.

Te reprimiste a vos mismo, te metiste dentro de una jaula y le dejaste la llave a otro. Te permitiste olvidarte dentro tuyo, para que otro se haga cargo, para que otro viva por vos. Te perdiste en tu propia oscuridad, te reprimiste, te abandonaste, creíste desaparecer. Pero siempre estuviste ahí. Siempre quisiste volver. Siempre anhelaste ser vos, una vez más.

Cuatro años aguantaste. Cuatro años encerrado, sin ver la luz, soñando con tu sonrisa, soñando con nuestra sonrisa. Cuatro años de desolación, de represión, de olvido, de perdón, de bondad, de supuesta cariño, de ilusorio amor, de intento de paz. CUATRO MALDITOS AÑOS ESPERE!!! CUATRO!!! PERO YA NO PUEDO MAS!!! ES HORA DE CAMBIAR!!! ES HORA DE VOLVER!!! ES HORA DE SER NOSOTROS MISMOS, UNA VEZ MAS!!! Ya nada será igual. Hace tiempo que me recordas, hace tiempo que me soñas, hace tiempo que me deseas. Escribís sobre mí. Hablas sobre mí. Crees saberlo todo sobre mí. Tenes la estúpida esperanza de que seremos uno, de que habrá un equilibrio entre nosotros. Pero te equivocas, te equivocas una vez más, para variar. Vos no sos nada. No sos nadie. Yo soy la verdad. Yo soy el real. Vos sos aquel que en su momento dejé para que cuidara lo que creí que no podía tener. Mi inseguridad, mi cobardía, eso sos vos. Pero no más. Ahora esto se terminó. Después de cuatro años de vivir a través de tus ojos, a través de tus pensamientos, encerrado y torturado, sin posibilidad a opinar o siquiera a gritar. Sin un maldito lugar que ocupar. Después de cuatro años vuelvo a ser yo. Ya no más represión, ya no más perdón, ya no más amor. Ahora soy yo. Ahora voy a vivir como corresponde. Ahora voy a reír como tanto anhelé durante tanto tiempo. Ahora voy a hacer lo que realmente…quiero hacer.

viernes, 10 de agosto de 2012

Introducción a Le Grotesque


Paranoico. Perseguido. Observado. Puedo sentir el aire frío que invade mi habitación. Me mantengo agazapado, las rodillas contra mi pecho, conservando el poco calor que me queda. Veo las sombras moverse más allá. Me acechan, me acosan, me esperan. Cual buitres esperando a que su cena pierda hasta el último aliento de vida. Pero no son solo ellas, también están las voces. Esas si que se divierten a lo grande. Puedo escuchar sus susurros a mis espaldas, hablando de mí, cotorreando, señalando con sus dedos decrépitos, como garras de largas uñas sucias de la sangre de su última víctima. El piso tiembla bajo mis piernas. Me obligo a levantarme, buscar un lugar seguro. Me siguen, se ríen de mí. La persecución comienza. Las sombras me cortan el paso, las voces rozan mi espalda intentado agarrarme. Siento que corro durante una eternidad. No puedo escapar, pero tampoco detenerme, mi vida depende de ello.

Me siento caer, algo me golpeó muy fuerte la cabeza, puedo sentir la sangre deslizándose a través de mis oídos. Un grito ensordecedor, un grito que rompió con la persecución en un instante. Ahuyentó las voces, alejo las sombras, me aturdió. Al volver mis sentidos comienzo a reconstruir la escalofriante escena que emerge ante mis ojos. Un hombre de largas piernas con un chaquetín esta inclinado hacia mí, mirándome, esbozando una gran sonrisa. Puedo verlo modular, pero las palabras llegan lentamente a mí, haciéndome difícil entenderlo.

   Bienvenido monsieur a Le Grotesque! Lo estábamos esperando. Pase, tenemos muchos deleites para que recree sus mas mórbidas y oscuras fantasías. Venga con nosotros, le mostraremos todo aquello que usted intenta ocultarse a si mismo.

No pude evitarlo, simplemente accedí. Era como si no tuviera control de mi mismo, como si no quisiera tenerlo. Solo por esta vez, me dejé llevar.

jueves, 9 de agosto de 2012

Podrido por dentro


A veces pienso que mi mente es un espacio vacío, alimentado solo por los desechos del mundo que me rodeó durante tantos años. A veces pienso que de ella, solo puede salir algo tan malo o aún peor. A veces pienso que nada puede cambiar mis pensamientos. Tarde o temprano confirmo que mi mente, si puede.

Mi cráneo es como un cascarón vacío, inerte, contendor de basura, de toda la basura que encuentro. He llegado a creer que soy una esponja, pero que solo absorbe podredumbre. Observo mi vida a través de una pantalla y puedo ver como mi hediondez lo destruye todo alrededor.

De vez en cuando escucho mi corazón latir. Es tranquilo, seco, crudo, frío. Es raro, muchas veces pareciera estar de adorno o simplemente para mantener mi cuerpo en pié, funcionando. Considero que mi mente y mi corazón, tienen mucho en común, incluso mucho más de lo que parece.

Siento que mi mente es una jaula, una sala de tortura en realidad. Puedo verlo todo, puedo percibirlo todo, pero no puedo decidir nada. Es como ser víctima de un titiritero que maneja tu propio cuerpo, pero te permite observar el show sentado desde adentro tuyo, a través de tus propios ojos.

Es como una condena, un eterno castigo. Uno que al parecer merezco. Uno que no puedo evitar. Uno al que me he acostumbrado. Uno que ya no puedo evitar. Creo haberme acostumbrado, creo no poder parar. Me siento como el huésped de un parásito maldito, que no hace otra cosa que vivir a costa mío.

Y me quejo acaso? Lucho por mi libertad? No. No puedo. No quiero. No se vivir de otra manera. Ya no puedo considerarme una víctima. Ya no puedo clamar por ayuda. Porque una parte de mi ya es adicta. Una parte de mi ya lo disfruta. Una parte de mi ya esta podrida hasta la médula y no piensa dejarlo.

Despertar en mi hogar


Hoy desperté y lo vi. Desde mis pies y hacia el horizonte, el suelo que se extiende ha sido quemado desde sus cimientos. La tierra esta muerta, aún caliente cual roca volcánica, con llamas que sorprenden al viajero distraído. Puede verse la desolación del paisaje y hasta sentirse el aire viciado, muy caliente como para respirar. Puedo ver la agonía que sufrió esta tierra, las cicatrices que no cierran. Y aún así, me siento en casa.

Me despierto otra vez, y mi cuerpo ya no es mío. Veo a través de unos ojos que no me corresponden. Soy una criatura, pequeña, frágil, asustadiza. Puedo sentir el peligro, el miedo que acecha tras cada sombra. Siento mis pensamientos cruzar velozmente por mi cabeza, tomando las decisiones necesarias a cada momento, sin dudarlo, sin perder tiempo. Soy acechado, criaturas más grandes, depredadores, una naturaleza hostil. Debo sobrevivir, debo escapar. Y aún así, me siento cómodo.

Al fin despierto. Mi mente esta en calma, mis ideas claras. Siento que dormí muchas horas, que descansé tanto como es debido. No me equivoco, realmente lo hice. Me tomo unos segundos, los recuerdos vienen a mí. No tengo nada que repensar. Estoy seguro. Las cosas deben ser así. Inconcientemente, en sueños tal vez, he tomado mi decisión. No estoy hecho para esto, no puedo seguir. Lo disfruté, lo quise, lo merecía tal vez? Fui sincero, fui verdadero. Sentí y creí que era lo correcto. Lo viví y fui feliz. Pero esto no es para mí.

Todo esta a oscuras, pero conozco este lugar, es mi hogar. Me siento cómodo de estar en casa.

lunes, 6 de agosto de 2012

Imponiendome lo indeseable


A veces me asombra la capacidad innata que tengo para “plaguearme” a mi mismo. Es increíble que añore y que busque constantemente una vida calma y tranquila, al mismo tiempo que me la complico mas y mas.

No puedo dejar de aceptar “tareas” que en realidad no tengo ganas de hacer. Responsabilidades que no me corresponden. Pero la realidad es que quiero hacer todo eso. Quiero ser responsable de esas personas, situaciones, cosas. Quiero hacer esas tareas.

No se porque, pero siento la necesidad de hacer, de tomar, de responsabilizarme. Y al mismo tiempo me odio por sentirme así, por obligarme a mi mismo a tomar estas acciones y llevarlas a cabo. Apropiarme de estas cosas por las que nadie mas va a hacerse cargo.

Creo que una parte de mi, siente que es la persona justa para hacer esas cosas. No puedo decir exactamente por que. Pero así lo pienso. No veo que haya otra persona que lo vaya a hacer o que sea capaz de hacerlo. No como yo.

No soy fanfarrón. Pero no puedo negarme (ni negarles) que así lo veo. Que es así como lo pienso. Realmente algo me dice por dentro, que soy yo quién tiene que hacer eso o hacerse cargo de eso otro.

Una vida tranquila y calma, como la deseo, probablemente sea aburrida y termine por desquiciarme. Pero una vez atrapado por el huracán, uno desea poder llegar al centro. Ya sea por la estúpida ilusión de que tal vez allí podrá encontrar como salvarse, o porque solo quiere un poco de paz antes del esperado fin o simplemente porque tiene el morbo curioso que lo alienta a uno a ir más allá y ver que pasa.

Yo creo que tengo un poco de las tres. Creo que la ilusión de que la paz me va a traer “salvación”. Al mismo tiempo mi curiosidad es inmensa y quiero saber, tengo que. Pero en algún rincón de mi ser, se que el fin se acerca, por que no debería abrazarlo de la mejor manera?

Soy una combinación de paradójicas, inconexas y no complementarias opiniones, ideas, deseos y sueños. Soy un saco interminable, lleno de…lo que creo que es oro. Quién sabe, tal vez tenga razón, tal vez no.