Te tomaste la costumbre de escribirme cartitas. Pero hoy me
toca a mí..
Uno cree tener claras mil cosas a lo largo de su vida. Pero
llegado el momento, duda. Llegado el momento se congela, tartamudea, intenta
pensar, fracasa, elige mal. Salvo los obsesivos del control. Salvo aquellos que
piensan las opciones/jugadas por delante mucho antes de que siguiera lleguen,
de que siquiera sean una posibilidad. Esos están desquiciados y enfermos de
analizar todo, que ya lo tienen bien claro. Llegado el momento solo dicen lo que
ya saben de ante mano. Como si fuera un libreto, como si fuera un hecho más que
un deseo, una decisión, algo que debe racionalizarse o siquiera evaluarse. ¿Por
qué? Porque claramente ya lo calcularon. Ya decidieron que iba a ser así. No
les importa cuando se dé, lo que sea que tenga que darse. Simplemente saben que,
dado el momento, ya tienen una respuesta. Una que no deben siquiera repasar. Ya
estudiaron para esa lección. Están seguros de la nota que van a obtener. Es un
claro diez. Ya lo visualizaron. Ya lo hicieron suyo. No hay nada en el mundo
que pueda cambiar eso.
Hoy me toca decirte que yo tenía muy claro todo. Llegado el
momento no lo dudé. Me preguntaste si quería ser todo para vos y sin titubear dije
sí. No porque no lo pensara, sino porque ya lo había meditado. No había dudas
en mi mente ni en mi corazón. La respuesta era una. En esta vida, en todas las
otras y en cualquier universo. Solo una respuesta era la que tenía. Y es la
respuesta que te di.
No hay muchas cosas de las que me arrepienta. Como siempre
digo, lo que hice me hizo lo que soy. Y estoy lo suficiente orgulloso de eso
como para no querer cambiar nada al respecto. Tengo curiosidad de saber que hubiera
sucedido si tomaba otras decisiones. Pero no por eso las cambiaría. Mis decisiones
son mías y punto. Elegirte a vos no esta entre las que “repiense” ni mucho menos.
Tengo muy claro lo que deseo/quiero vivir/construir con vos. Tengo muy claro el
porque de mi elección y lo que eso conlleva.
Cinco cartas tengo
tuyas. Y más allá de que “apareces” en algún texto, no fue dedicado
puntualmente a vos. No suelo dedicarle mis textos a nadie en particular. Son
para quien los lee. Pero tengo bien claro que tengo uno pensado específicamente
en mi madre. Tengo uno pensado en mis padres, algún amigo y amiga. Tengo uno
pensado en amores del pasado. Creo que es momento de escribir sobre el
presente. Creo que llegó tu turno de ser la protagonista de todo esto.
No quiero ponerme meloso.
Alguno de mis lectores me conocerá así. Pero no es a lo que están acostumbrados.
Y no creo que sea justo para ellos. Pero vos sabes. Te lo digo todos los días.
Te lo digo cada vez que te miro. Te lo digo cada noche antes de dormir y cada
vez que nos levantamos. Lo sabes. Y sabes que no voy a dejar de decirlo. Así
que HOY y AHORA, no lo voy a repetir. Porque es nuestro, y de nadie más.
No dejo de pensarte. Nunca. Siempre estas ahí. Siempre me
sonreís. Siempre me miras. Con esa mirada que refleja cuanto me amas. Y nada siquiera
se acerca a eso. Ni jamás lo hará. Sos lo que quiero y necesito. Sos lo que
creo merecer y lo que me gané. Sos todo y más. Y este texto es para vos.
No te preocupes tonta. No llores. Todo va a estar bien. Nuestro
mundo lo construimos nosotros. Nadie más.
Al fin encontré lo que
tanto buscaba. Estaba ahí, esperándome. Rogando que no me colgara. Una vez más.