Hacía algún tiempo que venía hablando con ella. Había
logrado arrastrarla a nuestras reuniones, incluso logré que le interesara.
Sabía que estaba de novia, pero no me importó. Esta muy seguro de poder
seducirla, a su novio no le interesaba en lo mas mínimo este tipo de
actividades, y ella se metía mas y mas a medida que pasaban las reuniones. El
no tenía chances, iba a terminar perdiéndola por su desinterés, y ahí iba a
estar yo, para consolarla, para escucharla y para hacer de ella lo que
quisiese. Una vez mas, lograría obtener lo que me corresponde.
Esa tarde pude verla rápidamente entre la multitud de
congregantes. Fui a saludarle casi de inmediato, ignorando a muchas otras
personas que tenían intención de saludarme. Cuando la alcancé, ella me recibió
con una hermosa sonrisa, estaba feliz, sentí como mi alma se llenaba de
regocijo. Pero poco duró mi felicidad. Ella estaba contenta, porque él había
aceptado acompañarla.
Parecía un muchacho normal, pero pude notar su mirada escéptica e incrédula. Por un momento creí que mis planes se verían perjudicados por su sola presencia, pero pensándolo mejor, me di cuenta de que era mejor así. Iba a lograr dejarlo en ridículo y no tendría que hacer ni el menor esfuerzo para ello. Era mi gran oportunidad, servida en bandeja de plata.
Parecía un muchacho normal, pero pude notar su mirada escéptica e incrédula. Por un momento creí que mis planes se verían perjudicados por su sola presencia, pero pensándolo mejor, me di cuenta de que era mejor así. Iba a lograr dejarlo en ridículo y no tendría que hacer ni el menor esfuerzo para ello. Era mi gran oportunidad, servida en bandeja de plata.
Comenzó la reunión y como siempre, todos se sentaron delante
de mío. Comenzaron a relajarse, pude notar como él miraba a todos a su
alrededor, con pocas ganas de participar y de siquiera estar allí. Reí para mis
adentros y decidí que era hora de comenzar el juego. Les pedí a todos que
cerraran sus ojos, que buscaran en sus mentes su lugar de paz y poco a poco
pude sentir sus espíritus elevarse. Con los ojos cerrados, enfocándome en mi
tarea por ayudarlos y guiarlos en esta “elevación espiritual”, pude notar que
faltaba uno. Evidentemente él no había podido hacerlo, tuve que esforzarme por
no soltar una carcajada. Esto era muy fácil.
Decidí hacer una de mis típicas rondas para dar consejos y
ayudar, pero esta vez, vería de dejarlo en ridículo a él. Pero al abrir mis
ojos, él estaba mirándome fijamente. Un frío recorrió mi espalda, pude sentir
el aire gélido a mi alrededor. Pude sentir su espíritu, era fuerte, muy fuerte,
mas que eso, era atemorizante. Pude ver como se acumulaban las sombras a su
alrededor. Quise moverme, quise decir algo, pero no pude. Entonces las sombras
comenzaron a reptar hacia mi, esquivando a todos en la habitación. El sudor
corría por mi frente mientras las veía erguirse ante mi, amenazadoramente. Y en
susurros, a través de ellas, pude oír su voz. “No vuelvas a acercarte a ella,
ni siquiera pienses en ella. Si vuelvo a sentir tu presencia rondándole,
volveré aquí y haré tus peores pesadillas realidad.”
Creí que moriría, creí que todo terminaría para mi, pero al parpadear, todo parecía normal. Todo era apacible, sus espíritus estaban relajados. La clase había terminado. Ella me saludó con un beso. Y él me dio la mano. Nada pasó. Todo había sido un sueño. Tenía que relajarme, la paranoia no era algo característico de mi, debía serenarme cuanto antes.
Creí que moriría, creí que todo terminaría para mi, pero al parpadear, todo parecía normal. Todo era apacible, sus espíritus estaban relajados. La clase había terminado. Ella me saludó con un beso. Y él me dio la mano. Nada pasó. Todo había sido un sueño. Tenía que relajarme, la paranoia no era algo característico de mi, debía serenarme cuanto antes.
Al salir del salón pude verla en la parada. Estaba de
espaldas a mi, su bella figura se estiraba para frenar el colectivo. El estaba
a su lado, tomando su mano. Tenía mis dudas sobre todo lo sucedido esa tarde,
hasta que lo vi voltear hacia mi. Me miró con sus ojos oscuros, fijamente. Las
sombras volvieron a juntarse a su alrededor, y como dardos dispararon hacia mi.
Instintivamente cerré mis ojos con fuerza, pero nada pasó. Al abrirlos pude ver
como subían al colectivo. Esa fue la última clase que di en mi vida.