“Y así, en un abrir y cerrar de ojos, todos
habían desaparecido. Pero no fue por mí. No podía percibir a ninguno de ellos
con mi olfato, y no había forma de que se hubieran alejado lo suficiente en una
fracción de segundo. Debieron recibir
ayuda. No importa, no pueden escapar de mí. Nadie puede.
Las cenizas y el olor a carne chamuscada
aun se sienten en el aire. Llevo semanas recorriendo este continente, pero no
he logrado encontrar su rastro. Evidentemente han sido trasladados mas lejos de
lo que pensé. Tienen que haber recibido ayuda externa. No creo que siquiera
sigan en este mundo. Pero debo cerciorarme.
Ya nada podrá vivir jamás en este mundo. He
acabado con todo. Esto es solo una roca muerta ya, una muy caliente. Hace días
que pienso en este momento. Creo tener una idea de lo que debo hacer. No
conozco los límites de mi poder, incluso no estoy seguro de tener límite
alguno. Mi fuego puede quemarlo todo, absolutamente todo, incluso el tejido que
le da forma a esta realidad.
Es el último de su mundo. Único en su
especie. El primero que logra resistir mi fuego. Es fuerte. Es poderoso. Pero
comienza a desesperar. Jamás vio algo como yo. Jamás imaginó su mundo hecho
cenizas. Jamás imaginó que un simple hombre pudiera destruirlo todo en pocos
segundos. Puedo oler su miedo. Intenta razonar conmigo. No lo escucho. Estoy
muy concentrado en aumentar rápidamente la temperatura de mi mano. Su cuello no
podrá resistir mucho más. Sus palabras se apagan. Todo él, se apaga.
Entre las cenizas de sus huesos, algo brilla.
Es su corazón. No se porque lo hace. No entiendo como su corazón pudo resistir.
No puedo explicar esta necesidad que siento dentro de mí. Tomo El enorme
corazón entre mis manos, y sin siquiera dudarlo, lo devoro.
Ahora puedo entenderlo. Todo es mucho mas
claro. Se lo que tengo que hacer. Ya no pueden escapar de mí. Voy a por
ustedes, hermanos. Mi llama esta más
encendida que nunca. El fuego abrazador de mi alma, de mi pueblo, acabará con
todo. Voncar, Vergil, su fin esta cerca.”
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