Paranoico. Perseguido. Observado. Puedo
sentir el aire frío que invade mi habitación. Me mantengo agazapado, las
rodillas contra mi pecho, conservando el poco calor que me queda. Veo las
sombras moverse más allá. Me acechan, me acosan, me esperan. Cual buitres
esperando a que su cena pierda hasta el último aliento de vida. Pero no son
solo ellas, también están las voces. Esas si que se divierten a lo grande.
Puedo escuchar sus susurros a mis espaldas, hablando de mí, cotorreando,
señalando con sus dedos decrépitos, como garras de largas uñas sucias de la
sangre de su última víctima. El piso tiembla bajo mis piernas. Me obligo a
levantarme, buscar un lugar seguro. Me siguen, se ríen de mí. La persecución
comienza. Las sombras me cortan el paso, las voces rozan mi espalda intentado
agarrarme. Siento que corro durante una eternidad. No puedo escapar, pero
tampoco detenerme, mi vida depende de ello.
Me siento caer, algo me golpeó muy fuerte
la cabeza, puedo sentir la sangre deslizándose a través de mis oídos. Un grito
ensordecedor, un grito que rompió con la persecución en un instante. Ahuyentó
las voces, alejo las sombras, me aturdió. Al volver mis sentidos comienzo a
reconstruir la escalofriante escena que emerge ante mis ojos. Un hombre de
largas piernas con un chaquetín esta inclinado hacia mí, mirándome, esbozando
una gran sonrisa. Puedo verlo modular, pero las palabras llegan lentamente a mí,
haciéndome difícil entenderlo.
Bienvenido
monsieur a Le Grotesque! Lo estábamos esperando. Pase, tenemos muchos deleites
para que recree sus mas mórbidas y oscuras fantasías. Venga con nosotros, le
mostraremos todo aquello que usted intenta ocultarse a si mismo.
No pude evitarlo, simplemente accedí. Era
como si no tuviera control de mi mismo, como si no quisiera tenerlo. Solo por
esta vez, me dejé llevar.
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