No creo que te hayas dado cuenta, no creo
que lo hayas notado, no creo que siquiera te importe. Me siento solo, me haces
sentir que estoy solo, dudo de que alguna vez estuvieras realmente conmigo.
Camino, un paso tras otro, doblo en esta
esquina, sigo por la otra, cruzo, sigo por allá, un paso mas y otro detrás.
Siempre solo, siempre mirando el suelo.
Quisiera no sentirme así, quisiera no
haberte sentido así. Si estuvieras, todo sería distinto. Si nunca hubieras
estado, todo hubiera terminado distinto.
La vereda, las calles, todo se dibuja ante
mis ojos a cada paso que doy. No puedo dejar de caminar, no puedo dejar de
llorar. Solo se que tengo que seguir.
La brisa de la mañana mueve mi remera, el
sol de la tarde calienta mi nuca, las luces de la noche alumbran mi camino. Y
yo sigo.
A veces te siento susurrar con el viento.
Te busco con la mirada, lleno de ilusiones y deseos. Las lágrimas se acumulan
en mi pecho, solo es cuestión de tiempo.
Tanto caminar, mis pasos cansados. Sueño
con que un día llego, sueño con que un día te tengo. Pero entonces despierto,
me levanto y salgo de nuevo.
Me siento débil, ya no tiene sentido. Tengo
que detenerme, pero no puedo dejarte de nuevo. Hasta acá llego, no hay retorno
de esto.
Mis pensamientos se volvieron silencios,
solo las sombras acompañan mis deseos. Se me acabaron las lágrimas y ni sangre
tengo.
Me quitaste todo, pero lo merezco. Vacío
por dentro, reposando en el tiempo. Sonriendo, esperando mi momento.
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