Sin siquiera avisar, un día al despertar, pude verlo ahí.
Sentado junto a mi cama, con la luz en la cara, esperando el mañana.
Y pude sentir, el jubileo venir, justo antes de que comenzara a reír.
Creo haber escrito esto hace una semana, tal vez más. Recuerdo lo que pensé
y lo que sentí en ese momento. Ahora no estoy seguro de pensarlo de la misma
manera. No estoy seguro.
Nunca dejo de ser yo. Pero por momentos me permito ser otro. O mejor dicho, ser él.
A veces le doy más libertades de las que debería. A veces pienso, que en
realidad, me doy más libertades a mi mismo, al permitirle salir. Por que él, no es
otro que yo mismo. Solo que sin
trabas, sin miedos, sin estúpidas barreras emocionales y/o sicológicas.
Pero liberarlo, o liberarme,
siempre tiene sus consecuencias. Y debo vivir con ellas. Debo hacerme cargo. Y
así lo hago. Porque cada vez que él
esta libre, yo me siento completo. Siento que el mundo es mío. Siento que puedo
con todo y que nada ni nadie puede conmigo.
Vale la pena el riesgo? Me pregunto esto siempre. Y no necesito responderme,
puedo sentir como la satisfacción me abruma de solo recordarlo. Las repercusiones
serán irreparables. No puedo evitarlo. No quiero evitarlo.
Soy lo que soy, y siempre lo seré. Sentado en esa silla, mirándome. Con la
luz en la cara. Sintiendo la calma, antes de la risa.
Genial.
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