miércoles, 13 de junio de 2012

Indiferencia

Que poder. Que odio. Detesto la indiferencia. Detesto que la usen conmigo. Odio sentir el aire gélido a mi alrededor. No puedo soportar que no me miren. Que me ignoren por completo. Que me traten como si no existiera o peor aún, como si no importara, como si fuera un don nadie, alguién que acabas de conocer en la parada del colectivo y no queres que se te ponga a charlar porque estas en otra. Esa sensación que despierta el deseo, las ganas de encarar a quién te ignora y gritar en su cara. Pero solo obtendrías una mirada vacía, una mirada desgarradora, sin nada que brindarte. Y solo te quedarías con la impotencia de no poder hacer nada contra esa indiferencia. Esa maldita indiferencia. Como odio eso. Como odio ver sus ojos mirando a cualquier otra parte, hablando con otros, disfrutando de ese momento. Como detesto ese pasar a mi lado, haciendo caso omiso de mi presencia. Sin siquiera mirar, sin siquiera pensar en hacerlo. Saludos vacios, distraídos, la nada misma. No importar. No ser. No nada. Bronca, ira, furia, todo se junta en mis manos, se cierran. Impotencia, angustia, desesperación, todo se reune en mi pecho, mi corazón late salvajemente, desespera. Ideas descabelladas, locos pensamientos, incontrolable ansiedad, todo se amontona en mi cabeza, se agolpa, se quiebra. Pero no puedo dejarme vencer tan facilmente. No puedo ser tan dévil. No puedo permitirme el paso en falso. Debo aguantar. Debo soportar. Debo estar centrado. Es su hora, tengo que aguantar. No puedo mostrar el mas mínimo razgo de vulnerabilidad. Debo permitirle este momento. Que lo goze. Que lo disfrute. Mientras yo me refuerzo. Lo uso. Lo dejo crecer. El se hace mas fuerte. Puedo sentirlo. Esta ahí. Esta presente. Puedo escucharlo. Parece estar lejos, pero se acerca. Y lo escucho reír. Casi lo veo. Si. Esta ahí. Sus dientes blancos. El sabe como hacer. El sabe que hacer. El puede con esto. La indiferencia no puede ganarle a él. Ya tiene el control. Puedo estar tranquilo. Estoy en buenas manos. Solo tengo que sentarme y observar. Solo tengo que disfrutar. Y reir. Reir como nunca. La indiferencia no puede matarme. No a mi. No con él. No me voy a dejar vencer. Ni hoy, ni nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario