La primera vez que la vi, no la reconocí. Parecía una simple niña envuelta en grandes y pesadas telas. Me llamó la atención que iba descalza y la mirada fija hacia delante. Me llamó la atención el sequito que la acompañaba. Nunca había visto nada semejante, una docena de doncellas vestidas de gris de pies a cabeza, solo los ojos dejaban ver. Detrás, los juramentados. Una veintena de enormes guerreros hambrientos que parecían acechar con su mirada a quien osara cruzarse en el camino de su diosa. La primera vez que la vi, ella no parecía gran cosa. Pero con cada paso que daba el mundo parecía retumbar, distorsionarse y luego adaptarse para que pudiera seguir su camino.
La primera vez que la escuché, me hechizó con su tono melodioso, como si fuera una sirena llamándome a las profundidades del oscuro océano. Sentí que el tiempo se detuvo a mi alrededor y solo su voz existía, como una canción que me abrazaba y me invitaba a dejarme llevar. No me pidió nada, nunca pidió nada a nadie. Sus palabras solo esbozaban la verdad que todos vivíamos, inspiraba y llenaba los corazones de todos los que la oían. Decidí seguirla, como uno más del montón, como todos los que la escuchaban. No sabía si era lo correcto o a donde me llevaría, pero quería seguir escuchándola, quería volver a sumergirme en esa paz que me daba.
La primera que me habló directamente, el corazón se me detuvo. Nada más importó, ni las mudas doncellas que la atendían, ni los fanáticos eunucos que la protegían. Ella me habló a mí. Me clavó sus ojos grises y miró dentro de mi alma. Vio algo en mi que ni yo sabía que existía. Lo tomó entre sus dedos y me lo presentó en una bandeja. Ese día entendí. Ese día le entregué mi vida, mi alma, por toda la eternidad. Mi hermosa diosa descalza.
They
said that God's a woman, I'll worship you the same
'Cause all I do is think about saying your name in vain.
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