Caminando bajo las
nubes tristes, vi las gotas caer lentamente. Una angustiosa balada sonaba en
mis oídos. No hice otra cosa que avanzar, como si en mi vida no hubiera algo
tan importante, algo más importante. Vi los relámpagos a lo lejos, pero no les
hice caso, todavía había tiempo. Todavía quedaban cuadras por recorrer.
Pude sentir su
abrazo, lo recreé en mi mente tal cual lo había sentido minutos atrás. Pero ya
no era cálido, era frío y distante. Una pesada piedra apretó mi pecho, mientras
unas manos imaginarias ataban un nudo en mi garganta. Vi los relámpagos
iluminar el cielo delante mío, pero no les hice caso, todavía había tiempo.
Todavía quedaba una cuadra por recorrer.
Sentí la boca seca,
al igual que cuando la vi partir. Percibí su perfume en el aire, y como un
fugaz deseo que se hace realidad, recordé el sabor de sus labios. Pero solo fue
un momento, uno que dejó mi garganta cortada y sin aliento. Escuché el trueno
sobre mi cabeza, no podía no hacerle caso, estaba empapado. Muy tarde, me quedé
sin cuadras para recorrer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario